
En un momento de la madrugada, muy aburrido y con mucha hambre, me levanto de la silla, busco en la heladera algo de comer y veo una mandarina. El tema es que al empezar a pelarla me doy cuenta de que no es una mandarina sino una naranja.
La corto en cuatro y empiezo a comer 1, 2, 3, 4 naranjas.
Al terminar la 4ta, con aire de satisfacción, pienso dentro mío:
"No hay nada mejor que la naranja", pero después razono y digo... "si, hay mejores cosas que la naranja", (dentro de ese mismo pensamiento iván desfilando chocolates, un pollo a la parrilla, hasta una manzana, etc). Pero después vuelvo a pensar y vuelvo a decir:
"No, no hay mejores cosas que la naranja, porque es única al igual que todos y cada uno de los gustos de todas las comidas o simplemente de todo tipo cosa física. Cada comida tiene su gusto, sea o no agradable a nuestro paladar, y no hay cosa mejor que eso, porque cada una es única e irrepetible, desde la naranja hasta el sabor de una hoja caída de algún árbol de por ahí".
Que loco... ¿no?
La corto en cuatro y empiezo a comer 1, 2, 3, 4 naranjas.
Al terminar la 4ta, con aire de satisfacción, pienso dentro mío:
"No hay nada mejor que la naranja", pero después razono y digo... "si, hay mejores cosas que la naranja", (dentro de ese mismo pensamiento iván desfilando chocolates, un pollo a la parrilla, hasta una manzana, etc). Pero después vuelvo a pensar y vuelvo a decir:
"No, no hay mejores cosas que la naranja, porque es única al igual que todos y cada uno de los gustos de todas las comidas o simplemente de todo tipo cosa física. Cada comida tiene su gusto, sea o no agradable a nuestro paladar, y no hay cosa mejor que eso, porque cada una es única e irrepetible, desde la naranja hasta el sabor de una hoja caída de algún árbol de por ahí".
Que loco... ¿no?
No hay comentarios:
Publicar un comentario